11th day. Hiroshima

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Hoy hablamos de Hiroshima, una de las visitas más especiales del viaje a Japón, pues la juntamos con la visita a Miyajima y la verdad, fueron dos días increíbles.

Antes de salir rumbo a Hiroshima, para no cargar con todas las maletas del viaje, las enviamos al próximo hotel de Tokyo en el que nos íbamos a quedar vía Kuroneko. La verdad que fue muy útil y os lo recomiendo para vuestros futuros viajes, pues se nos ahorramos cargar con ellas en los trenes y el tener que depender de dejarlas en casilleros, además que a nivel de precio es bastante asequible. 

El viaje desde Kyoto no es demasiado largo, 1 hora y media aproximadamente, por lo que no hace falta madrugar excesivamente para llegar pronto.

Una vez en Hiroshima fuimos hacia la parada, el Castillo de Hiroshima, o también conocido como “La Carpa” debido a su forma.

Castillo de Hiroshima

El castillo, aún a pesar de estar reconstruido, es precioso, así como el entorno en el que está situado, un pequeño parque en el que también se encuentra el Gokoku Shrine. Las cinco plantas del castillo albergan un pequeño museo acerca de la construcción del castillo y del contexto histórico, así como un mirador en el último piso. El mirador está cercado y dificulta un poco el tema fotográfico, pero vale la pena detenerse un momento a observar todo el entorno, pues normalmente la ciudad queda eclipsada por el Parque de la Paz.

Vistas desde el Castillo de Hiroshima

La verdad es que recomiendo pagar la entrada para entrar al castillo (sólo 400 yenes) aunque sea sólo para subir al mirador, pues aunque desde fuera también se disfruta, el museo vale la pena y además tiene free WiFi.

Una vez terminada la visita al castillo, nos dirigimos ya a la visita por excelencia de Hiroshima, el Parque de la Paz. El recorrido empieza en la Cúpula de la Bomba Atómica y, nada más llegar ya se nota el ambiente contenido y el silencio triste que acompaña a toda la zona.

Cúpula de la Bomba

La verdad que es bastante impactante observar la cúpula con detalle y ver los diferentes amasijos de hierro y piedra que quedaron como testigo del brutal impacto de la bomba atómica. Además, la afluencia de gente en la cúpula era bastante elevada, aunque el número de turistas occidentales era bastante menor al de japoneses, a los cuales, como es lógico, se les veía considerablemente afectados y emocionados.

La siguiente parada fue la Torre Conmemorativa de los Estudiantes Movilizados, que aunque impone menos, la historia es igual de emotiva. El monumento hace homenaje a los estudiantes forzados a trabajar en las diferentes industrias bélicas en 1944, motivo por el cual muchos de ellos murieron en el impacto de la bomba, así como otros estudiantes que no murieron exactamente cuando el impacto pero sí durante el transcurso de la guerra.

Grullas por la paz

El próximo monumento es uno de los más bonitos del parque, tanto por la historia, como por su estética y colorido: el Monumento a la Paz de los Niños. En lo más alto se encuentra la escultura de Sadako, la niña que murió debido a la leucemia provocada por la radiación de la bomba y que intentó hacer las 1000 grullas de origami (senbazuru) para pedir el deseo de curarse. En homenaje a ello, el monumento está rodeado de vitrinas de cristal con montones y montones de grullas de papel que la gente envía desde todas las partes del mundo.

Sadako

Ya nos acercábamos al final del Parque de la Paz, y con ello llegamos hasta uno de los puntos más emblemáticos, la Llama de la Paz, que permanecerá encendida hasta desaparezca la amenaza de aniquilación nuclear, y el Cenotafio Conmemorativo, desde donde se ven todos los monumentos del Parque de la Paz alineados.

Todos los monumentos alineados

Antes de entrar al Museo de la Paz y terminar la visita, pasamos por la Sala Nacional Conmemorativa. Es una sala circular con vistas 360º de cómo quedó la ciudad después de la bomba desde ese mismo exacto punto, el epicentro de la explosión, en el que se encuentra la escultura de un reloj parado a las 08:15, hora exacta de la caída de la bomba.

Epicentro con el reloj parado a las 8:15

El Museo Conmemorativo de la Paz fue la última visita de la zona, y cabe decir que hace falta estar en un estado de ánimo óptimo, pues puede llegar a afectar bastante ver según que objetos de los que están expuestos. Es una visita bastante dura y llena de crudeza, y ejemplo de ello es la colección de objetos y “cosas” pertenecientes a víctimas que perecieron en el impacto de la bomba. Aún así, lo recomiendo, pues sirve para entender el gran grito a la paz que representa la ciudad de Hiroshima.

Museo de la Paz

Para comer, ya habíamos probado dos versiones del famoso okonomiyaki, una en Tokyo y otra en Kyoto, pero nos quedaba la prueba definitiva, comer la variante autóctona de Hiroshima, el modanyaki, así que nos decantamos por el famoso Okonomi-mura. Se trata de un bloque de pisos muy cercano al Parque de la Paz en el que en cada piso hay numerosos restaurantes, por lo que oferta es muy variada. Elegimos la 3a planta al azar y comimos en el primero según se sale del ascensor, decisión que resultó ser muy acertada.

Okonomiyakis <3

La verdad es que los dos okonomiyakis estuvieron increíbles y además fueron extremadamente amables, pues nos atendieron sin problemas a pesar de que era un poco tarde y estaban casi todos los restaurantes vacíos. 

Después de comer, volvimos a la estación de Hiroshima para coger el tren dirección a Miyajimaguchi, puerto desde dónde sale el ferry que lleva a Miyajima, una de las visitas más esperadas de todo el viaje y de la que hablaremos en el siguiente post!

Podéis ver el álbum completo de nuestra visita a Hiroshima aquí

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About Author

Publicista y Directora de Arte adentrada de lleno en el idioma y el mundo japonés. Actualmente cursando el Master de Estudios de Asia Oriental (UOC).

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  1. Pingback: Big in Nihon - 11th day: Miyajima

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