Impressions. Kyoto

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Después de unos cuantos días volvemos a la carga con los posts propiamente sobre Japón, pero antes de seguir avanzando en nuestro viaje, me gustaría comentar a rasgos generales mis impresiones finales sobre la ciudad de Kyoto.

Pontocho

Una de las cosas que más noté nada más llegar y de las que no me pude deshacer, fue del gran contraste con Tokyo, pues veníamos encantados y eso nos jugó un poco de mala pasada, pues las comparaciones son odiosas y el primer día no pude evitar sentir un poco de bajón. Aún así no me malinterpretéis, Kyoto me parece una ciudad genial, con zonas muy bonitas y rincones preciosos, pero nada más llegar, se nota mucho el contraste y que la ciudad es más antigua y que el centro no ha evolucionado tanto, dándole quizás un aire más triste o decante en según que partes de la ciudad. 

También creo que a esta impresión ayudó la planificación que habíamos hecho para los tres días en Kyoto, y ahora, con el viaje ya pasado, es sin duda la parte que más retocaría y ajustaría. El por qué de tan “mala” planificación creo que fue la presión de leer demasiadas entradas de blogs sobre “Qué ver en Kyoto” antes del viaje, en dónde la mayoría ponen una lista interminable de cosas imprescindibles y absolutamente necesarias, lo que me llevó a no ser precavida y sobrecargar los días. Una vez allí es cuando te das cuenta que es prácticamente imposible verlo todo si quieres un mínimo de disfrute en las visitas y no estar pendiente del reloj. 

El primer día fue el más caótico, sobretodo por el tema de los horarios, pues prácticamente todo cierra sobre las 17h, lo que obliga a organizar muy bien la mañana y a empezar el día bastante pronto. Ese día estuvimos por la zona este, concretamente en el Paseo de la Filosofía y su gran cantidad de templos, pero no hay que plantearse visitarlos todos porque hay demasiados, siendo además algunos de ellos bastante grandes, lo que puede llevar a una saturación bastante importante. De esa parte recomiendo sin duda el Eikan-do, incluso por encima del Ginkaku-ji (el Templo Plateado), que aunque este último sea bastante más famoso, el Eikan-do es muchísimo más bonito y la visita se aprovecha más.

Eikan-do

Como consejo importante, aunque haya línea directa de autobús hacia la zona, os recomiendo que la descartéis, pues nosotros tardamos 1 hora y media en llegar desde la Estación de Kyoto, perdiendo así bastante tiempo que luego nos hizo falta por la tarde y además se hace bastante pesado. Desde mi punto de vista, creo que la mejor opción es coger el metro y luego andar un poco, como hicimos el tercer día, pues es bastante más rápido, aunque sí que es cierto que el pase de un día para el autobús sale muy bien de precio y da más versatilidad en las zonas.

 La segunda parte del día la dedicamos a ir hacia el centro desde la zona este, pasando por el imprescindible Heian Jingu y terminando con el Palacio Imperial y el Castillo de Nijo. Como ya comenté en la entrada, al Palacio y al Castillo nos quedamos con las ganas de poder entrar, ya que cierran el acceso una hora antes del cierre, cosa que aún dificulta más llegar a los sitios a tiempo. Otra parte a tener en cuenta son las distancias, pues en Kyoto son más grandes de lo que parecen en el mapa, y eso nos provocó perder bastante tiempo yendo a sitios que parecían “muy cercanos”.

Heian Jingu

De la experiencia del segundo día, que dedicamos a la zona oeste, sí que repetiría sin duda la visita a Arashiyama, pues es un entorno natural precioso y para descansar de las visitas a los templos está genial, y aunque quede un poco lejos, vale mucho la pena. Y por supuesto, si hay un templo imprescindible en Kyoto, es el Kinkaku-ji, también en la zona oeste. De esa parte de Kyoto, quizás quitaría el Ninna-ji, aunque me quedé con ganas de ver el jardín de piedras del Ryōan-ji. Por la tarde, si no hubiese diluviado, hubiera estado genial aprovechar y acercarnos a Gion y Pontocho y así poder disfrutarlos con más ambiente, pues de día, tal y como fuimos nosotros, los barrios de geishas estaban “demasiado tranquilos”.

Arashiyama

Y por último, creo que fue acertado dejar para el tercer día el mercado de Nishiki, pero luego, como ya he comentado, cambiaría la visita de Pontocho, Gion  y Miyagawacho a una tarde-noche, y en su lugar hubiera ido al Kiyomizu-dera, el big “must” que nos perdimos. La verdad es que Kiyomizu-dera es una de las visitas que más me arrepiento de no haber hecho de todo el conjunto del viaje a Japón, pero también es cierto que si no se disponen de muchos días en Kyoto, rompe un poco todo planning, pues queda un poco apartado y sin nada muy cerca para aprovechar el desplazamiento.

Pontocho

Y respecto a las excursiones desde Kyoto, sin duda recomiendo ir a Nara por la mañana y a la vuelta hacer parada en el Fushimi Inari y disfrutar del atardecer, pues haciéndolo al revés podéis acabar demasiado cansados para luego pasear por Nara, además de que el Fushimi Inari no tiene hora de cierre. 

Atardecer des de Fushimi Inari

En resumen, ya sea por los fallos de planificación o por el mal tiempo, no le sacamos todo el potencial y rendimiento a una ciudad como Kyoto, lo que hizo que durante el viaje me sintiera un pelín decepcionada. El problema, aparte de que echaba mucho de menos Tokyo, creo que fueron las altas expectativas y a cómo me la imaginaba yo antes de visitarla. Aún así, con el paso del tiempo y viendo después las fotos, me doy cuenta que realmente me gustó bastante más de lo que pensaba y que realmente es una ciudad muy especial y con mucho encanto.

A pesar de todo, estoy deseando volver pronto a Kyoto, pues creo que la disfrutaré y aprovecharé muchísimo más que la primera vez.

Calles de Kyoto

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About Author

Publicista y Directora de Arte adentrada de lleno en el idioma y el mundo japonés. Actualmente cursando el Master de Estudios de Asia Oriental (UOC).

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